Hablar del futuro parece un reto. Casi siempre las imágenes que nos asaltan son catastróficas: escenarios de muerte, apocalípticos, donde todo se destruye a nuestro alrededor. Sin embargo, los pueblos indígenas nos preguntamos: ¿es el apocalipsis una idea que surge de un mundo en crisis que se ha negado a escuchar otras posibilidades de vida y convivencia? ¿Es ese nuestro pensamiento o lo asimilamos a través de imágenes, videos e ideas de otros contextos?

Desde esta edición de la revista Unidad Álvaro Ulcué, hablamos de futuro en medio de un mundo que presencia la guerra y la destrucción de culturas y territorios al antojo de quienes tienen el poder de las armas y el dinero. Mientras escribimos estas palabras, Palestina, Haití, la República del Congo y Sudán, entre otras regiones, arden frente a nuestros ojos; somos testigos de guerras transmitidas en directo, consumidas en redes, noticieros y periódicos como si fueran espectáculos. Y ni hablar de nuestro Cauca, donde cada día las noticias revelan el peso de la violencia. Allí donde hay riqueza material, espiritual o cultural, también aparece la avaricia de algunos, que pretenden arrancarnos lo más profundo de lo que somos.

Continuando con la idea de futuro y pese a estos panoramas, reconocemos que para los pueblos indígenas este no es un horizonte invisible: es un camino que recorremos de espaldas, pero con la memoria de lo caminado por nuestras ancestras y ancestros. No se trata de adivinar lo que vendrá, sino de pensar con los aprendizajes del pasado y la urgencia de cuidar lo que somos en el presente. Escribiendo estos artículos, ilustrando, grabando podcasts, creando cómics y videos, estamos tejiendo historias. Cada palabra que dejamos es semilla para las próximas generaciones de comuneros y comuneras: memoria de lo que nos preocupa, de lo que soñamos y de aquello en lo que decidimos resistir. Nuestra escritura es un acto de lucha y resistencia: hacemos futuro con la herencia del pasado y la fuerza del presente.

Por eso insistimos en escribir con nuestras voces, preguntas, miedos, reflexiones e incluso con nuestras idealizaciones. Porque durante siglos nos negaron este lugar de la palabra, y aunque no busquemos la masividad de los grandes medios, sí nos es vital hacer circular nuestras ideas en comunidad. De igual manera a los tiempos en que esta revista era un periódico, queremos que nuestras reflexiones lleguen a los rincones de los pueblos indígenas pertenecientes al CRIC y a otros públicos, alimentando conversaciones sobre lo que somos, lo que seremos y cómo caminaremos en comunidad hacia ello.

En esta octava edición nos cuestionamos sobre el movimiento indígena, los liderazgos que necesitamos, la importancia de mantener nuestros idiomas propios y las formas de vida que queremos defender. No escribimos solo para hacerles preguntas a otros, incluso quienes escribimos los artículos de esta edición nos cuestionamos, redactamos cada párrafo para mirarnos y dialogar, para no olvidar que somos agentes de cambio frente a un mundo que insiste en ser violento con otros seres que también habitan nuestra madre tierra, con las personas sexo-genero diversas y contra nosotros mismos. En esta edición contamos además con la palabra de compañeras indígenas de Oaxaca, México. Sus voces nos recuerdan que nuestras luchas no son únicas ni aisladas, que se entrelazan con procesos de otros territorios donde también se sueña con la dignidad. Sabemos que todas las luchas que resisten al poder económico y a las lógicas extractivas comparten algo con nosotros: el deseo profundo de vivir vidas plenas, no sometidas a la codicia de unos pocos.

Bienvenidas y bienvenidos a la octava edición de la Revista Unidad Álvaro Ulcué. Que estas letras sean hilos de un tejido que nos permita seguir imaginando y defendiendo el futuro indígena desde nuestras cosmovisiones.