Relatos de vida de personas Nasa sexo-género diversas en el norte del Cauca
Por: Caterine Escue Mestizo y Alexandra Mestizo Pazu Pueblo: Nasa Zona: Çxhab Wala Kiwe
Ilustradora: María Isabel Guacheta
En el chumbe Nasa se entrelazan historias y vivencias personales, familiares y comunitarias, donde los hilos de colores y símbolos ancestrales narran el pasado, el presente y el futuro de nuestro pueblo; este tejido resuena con nuestro sentir y en la familia se enmarca como un espacio de cuidado y memoria, funcionando como un registro ancestral y un vehículo para la transmisión de conocimiento. De esta forma, el chumbe se convierte en el primer territorio que portamos y respetamos sobre el cuerpo, recordándonos a cada instante que cuidar a la familia es también cuidar de la tierra, los animales, los sentires y todos los seres que nos rodean.
Para la cosmovisión nasa, la familia no se limita a los lazos de sangre, es la red que nos alimenta, acompaña y fortalece. El libro de Carmen Vitonás y Marcos Yule titulado La metamorfosis de la vida (2019:145), describe a la familia nasa de una manera expansiva: “papá, mamá, hermanos, tíos, primos, abuelos, nietos, nuestros animales y todo aquello que viva en nuestro entorno”. Esta definición subraya una comprensión de la familia como un tejido interconectado de la vida, en el cual la construcción y la transformación son acciones esenciales para el desarrollo de vida en el territorio.
Desde nuestras raíces montañeses, aprendimos de nuestros padres, madres y abuelas el noble arte de relacionarnos con el agua, los animales y todos los seres que nos rodean. De ellas aprendimos a tejer, el esfuerzo de cargar la leña y la comida en una jigra sobre la espalda. El silencio elocuente de nosotras al escuchar a nuestras abuelas hablar en nasa yuwe, cocinar en la tulpa y calentarnos alrededor del fuego son, para nosotras, prácticas que definen nuestra forma de pertenecer y cuidar.
Así, la familia nasa posee una raíz profundamente arraigada al territorio. En el norte del Cauca, somos testigos de una diversidad creciente en las configuraciones familiares nasa, un escenario donde se viven y se vivencian complejos procesos de transiciones culturales en el seno de la comunidad. Para ilustrar y comprender a fondo estas transformaciones, en el campo de la diversidad sexual, nos adentramos en el corazón mismo de estas realidades: las historias de vida. Realizamos entrevistas a cinco personas nasa sexo-género diversas sobre sus experiencias de vida. Este artículo teje un mosaico de experiencias que revelan cómo el amor, la identidad, el reconocimiento, la espiritualidad y la pertenencia se reconfiguran en un diálogo constante entre la tradición ancestral y las nuevas formas de existir en el territorio.
Si bien las estructuras familiares diversas han existido desde tiempo atrás y su presencia ha sido una constante, estas no siempre han sido reconocidas. En este artículo, no sólo documentamos su presencia y transformación, sino que mostramos cómo su integración y aceptación generan un aspecto positivo en los territorios. Estos fragmentos de historias de vida evidencian la diversidad, la lucha por la aceptación y reconocimiento de integrantes de familias sexo-género diversas
“Este tipo de familias no se limitan al modelo nuclear “mamá, papá e hijos” sino que abarca una amplia variedad de configuraciones, entre ellas encontramos familias homoparentales, lesbomaternales (formadas por parejas del mismo sexo con hijos) hasta aquellas con miembros trans o familias compuestas que se han elegido para convivir y cuidarse.»
Ilustración: La Mole y su hijo: una de las familias diversas entrevistadas del pueblo Nasa de la CWK.

Ellos y ellas enfrentan los mismos desafíos en nuestros territorios. Las narrativas compartidas son semillas de un futuro que busca la identidad, el reconocimiento, la pertenencia y el ‘buen vivir’ de familias de lesbianas, gays, bisexuales y trans, reafirmando que la familia en su esencia más amplia es la fuerza vital que impulsa la pervivencia y florecimiento del pueblo Nasa.
“Cuando ven mi trabajo cambian su forma de pensar”
Concebimos el territorio como un espacio familiar y de hogar, pero si en él no se brindan las oportunidades para desarrollar las actividades cotidianas o la vida misma, ¿a dónde van las personas que no se sienten reconocidas? La cosmovisión indígena nasa plantea un sentido profundo del territorio, pero esa apropiación no es igual para todas las personas y, por ende, da lugar a diferentes formas de vida.

Esta historia nos habla de “La Mole”, una mujer lesbiana e indígena nasa que vive en el casco urbano de un municipio en el norte del Cauca. Trabaja en el oficio de cerrajería hace más de diez años y tiene su propio negocio. Su familia está conformada por su hijo, su pareja y dos cachorros. No vive en su territorio desde hace muchos tiempo porque no cuenta con un lote para trabajar o construir su casa. Salió a recorrer el mundo en busca de oportunidades y, con ello, ha reafirmado sus creencias y costumbres. Su hijo la ha acompañado en las diferentes etapas. Él reconoce la diversidad de su madre y, al igual que ella, posee una autodeterminación para defender a su familia en los diferentes escenarios de discriminación que suelen enfrentar.
“Cuando era más joven me fui de mi casa porque mi madre no aceptaba lo que yo era, ella decía que yo era una maldición de dios. Me fui con mis amigas y fue duro porque en ese tiempo no era tan fácil decir que una era lesbiana, con el tiempo no tuve miedo, me acepté tal y como era y lo que sentía, ya no me daba vergüenza”.
La sociedad está acostumbrada a ver a las mujeres indígenas en las labores de la cocina, el cuidado de los niños, la organización de la casa y la alimentación, etc. Cuando se encuentran con una mujer lesbiana, comienzan una serie de críticas, estigmatizaciones y preguntas como: “¿Por qué tienes hijos si eres lesbiana? ¿Quién es el papá de su hijo? ¿Cómo quedaste embarazada? ¿No has probado un hombre de verdad?”.
Estas son preguntas y susurros que escuchan siempre. Las mujeres indígenas lesbianas son aún más juzgadas por su diversidad sexual o de género. Ellas luchan incansablemente por su reconocimiento y aceptación en los territorios porque, aun teniendo sus hijos, no son tomadas en cuenta para proyectos o tipos de trabajos que puedan ejercer.
“Si mi familia me acepta, el resto no me afecta”
El machismo delimita la forma de ser o no ser en la sociedad. Opera bajo la lógica de poder y control y busca homogeneizar, subordinar y excluir a quienes no encajan como lo que han denominado personas “normales” establecidas por la sociedad. En los pueblos indígenas, estas dinámicas se entrelazan de manera compleja con la cultura, la tradición y, a menudo, con la influencia externa colonial, siendo cada una de estas formas de opresión.
Ahora nos adentramos en la historia de Anderson, un chico gay del pueblo nasa. Él es autoridad juvenil, ha sido dinamizador artístico y ha participado en los diferentes espacios políticos y culturales de su territorio. Vive con su madre, una mujer amorosa y comprensiva, y con su pareja, otro joven que lo ha acompañado y con quien ha convivido por cuatro años. Tienen una perrita, que es una integrante más en su familia. Ellos comparten sus sueños y momentos juntos, han sabido entenderse y, aunque han tenido dificultades como muchas parejas y familias nasa, siguen luchando por los retos de la vida.
“Llegó mi turno de contarle a mi familia, tenía en mi memoria recuerdos de cómo mi padre era un hombre machista y su familia no ayudaba mucho, sentí miedo, pero fui valiente; le conté a mi madre lo que sentía y pensaba, para mi sorpresa me dijo que ella ya sabía. Solo necesitaba que se lo confirmara y con sus sabias palabras y un amor inexplicable me orientó cómo debía construir mi vida”.
En su espacio como autoridad juvenil no ha tenido dificultades sobre su orientación sexual, ha tenido oportunidades de trabajo, ha compartido y participado en los diferentes espacios de las mingas, encuentros juveniles, trabajos comunitarios, rituales, etc.

“A mí por ser autoridad me acompaña una Uka y no me incomoda que sea hembra, porque en mi sentir esa es mi fuerza espiritual. Ser una persona gay no significa que deba portar una Uka macho, es mi pensar y mi sentir. No ha sido fácil, me ha tocado sentarme con los mayores a conversar para entender lo espiritual, ancestral y entender todo esto. Ellos son muy sabios y aunque todos no piensan igual, muchos de ellos intentan comprender”.
“¿Usted se quiere curar?”: “¡curarme de qué!”
Los liderazgos en los territorios indígenas son la base fundamental para el desarrollo y crecimiento de los pueblos; son los comuneros quienes los reconocen y postulan en los diferentes cargos. Ser líder indígena conlleva una gran responsabilidad para con los territorios, pues deben trabajar en la búsqueda de beneficios colectivos y garantizar los derechos.
En estos procesos de participación y reconocimiento de la población sexo-género diversa, encontramos a Jorge, un excoordinador de jóvenes y de algunos procesos organizativos de la Çxhab Wala Kiwe – ACIN. Se identifica como una persona homosexual. Después de aportar y compartir en diferentes espacios en la organización, decide que es tiempo de volver con su familia a su territorio de origen.
“La comunidad indígena le tiene miedo a lo diferente, siempre están buscando la forma de curarnos para obligarnos a encajar en un mundo heterosexual del cual salimos, pero, ¿curarnos de qué? He tenido señalamientos, amenazas y juzgamientos por mi orientación sexual, pero siempre he sabido defender lo que soy. He estudiado y aportado al proceso, pero a veces eso no se tiene en cuenta, aun así sigo acompañando a los jóvenes y aportando desde mi conocimiento y experiencia”.
La idea de curar a una persona patológicamente transgrede la diversidad sexual, a menudo son ideas heredadas de lógicas coloniales y religiosas, las cuales buscan “curar” en lugar de comprender. Esta concepción es violenta y deshumaniza a la población y familias sexo-género diversas.
“Los mayores y las mayoras no están preparados para entender la diversidad sexual y de género. Es decir, en un ritual de armonización, si hay dos personas heterosexuales, los mayores van a decir: este, que es hombre, lo acompaña un espíritu femenino, y si es mujer, la acompaña un espíritu masculino. Luego, llegan a donde Jorge y se preguntan: ¿Y el que es gay, quién lo acompaña?”.
En los espacios de gobernabilidad y legitimación como los congresos, el tema de la diversidad sexual y de género se aborda poco o se silencia por completo, es una clara muestra de la negación que aún existe. La ausencia de un tratamiento amplio sobre las familias diversas en las conclusiones del Cuarto Congreso Zonal realizado durante el mes de mayo del 2025, no es una omisión, es una decisión política. Esta decisión es sostenida por liderazgos que, en lugar de proteger la diversidad, la estigmatizan y silencian. Dicha práctica tiene un efecto dominó devastador, pues la exclusión que empieza en el discurso de un líder se traduce en violencia y negación a todos los niveles: debilita a la organización, divide a la comunidad y ataca el núcleo mismo de las familias diversas, negándoles su legitimidad.

Ilustración: Jorge: hombre diverso, líder juvenil y conocedor de la medicina tradicional del pueblo Nasa de la CWK.
“Hace algunos años, en una asamblea de las mujeres del CRIC, esta tenía una participación de mil trescientas personas y me paré en la tarima y dije: ‘Aquí hay diez zonas, once pueblos, once cosmovisiones diferentes. Lo primero es que este tema de diversidad no es una enfermedad, por lo cual, no es que yo vaya a un ritual y amanezca diciendo ‘ya no soy gay porque me mascarón coca o me fumaron tabaco toda una noche’. El médico tradicional armoniza y equilibra lo espiritual, pero el médico tradicional no controla lo biológico y de nacimiento, eso está en el sentir y eso no se controla con un ritual”.
“Me ha costado, lo he trabajado y lo he aceptado”
“¿Y pa’ cuando mis nietos?”. Una pregunta que muchas personas sexo-género diversas han escuchado. Una pregunta que les desconoce, les niega y les obliga de forma indirecta a conformar un tipo de familia que no se ajusta a su realidad. Crecen en su comunidad, practican sus usos y costumbres, habitan el territorio, pero su diversidad es deslegitimada.
Esta historia nos remonta a la vida de nuestro cuarto entrevistado: un hombre bisexual perteneciente al pueblo nasa de la zona norte del Cauca. Su familia está conformada por su papá, un hermano y una hermana; no convive con su madre por cuestiones de la vida. Él ama su cultura, practica sus rituales y desarrolla sus actividades como cualquier otra persona.
“La visibilidad de una persona con orientación sexo-género diversa en el territorio la expone a una doble vulnerabilidad: por un lado, la violencia directa de quienes la ven como una desarmonía; por otro lado, una violencia económica que limita el desarrollo de sus actividades.»
“Me ha costado, lo he trabajado y tuve miedo al ver que había tanta discriminación por ser diverso, yo no podía expresar mis sentimientos y mucho menos decirle a mi familia, ellos no me entenderían, tampoco quería contarles por el miedo que habitaba en mí. Al pasar unos años mi padre se dio cuenta y nos sentó en la casa y ahí sí tuve más miedo de lo normal, en mi mente pasaron dos pensamientos: o me quedaba y afrontaba la conversa que se venía o me iba y me escondía de ellos”.
“En las entrevistas de trabajo no se nos ve desde nuestra diversidad, no se nos pregunta y cuando hablan del tema prefiero omitir por los diferentes estigmas que existen en la organización y en las personas. Aun así, he trabajado en muchos espacios en mi territorio y esto ha ayudado con mi sustento económico y el de mi familia”.
No sentirse cuidado en el lugar de origen es una experiencia desgastante y difícil de sobrellevar; es un camino de años llenos de incomodidades que no todas las personas diversas logran transitar. Precisamente en este contexto, el desarrollo académico deja de ser solo un espacio teórico y se convierte en una herramienta vital de empoderamiento para las personas sexo-género diversas, ayudándoles a construir las estrategias necesarias para navegar cualquier situación, tanto dentro como fuera de sus territorios.
“En algunos espacios de mi territorio he tenido discriminación por mi diversidad y no podía expresarme de cierta manera, pero he sabido manejarlos, ya no me intimida defenderme. Quizás también se debe a que en mi espacio académico he podido encontrar con quien hablar y con el conocimiento que este me brinda me ha servido de ayuda para poder defenderme. Ya NO necesito responderle a mi madre cuando pregunta por sus nietos”.
“Me fui siendo mujer y llegué siendo un chico trans”
La transformación y los cambios son un proceso que se origina desde el ser y el sentir. Los abuelos cuentan que cuando nacen las matas de papaya machos se debía buscar a unas niñas para que las cortaran en la madrugada en forma diagonal, esta acción ocasionaría que la planta sufriera una transformación y al retoñar pasarán de ser macho a ser hembra. Las costumbres culturales y las prácticas religiosas no comparten los diferentes cambios socioculturales que puede tener una persona y ocasionan con ello una marginalización y una discriminación en su sentir.

¡Transformar su cuerpo no significa que sus diferentes prácticas como indígenas las dejen de lado! Axel es un chico trans de 23 años. Eligió su nombre identitario en honor a su hermano fallecido. Vive con su pareja y los padres de ella, quienes lo acogieron como un hijo más. Desde muy niño sintió que era diferente y con ello inició su lucha interna. Nunca lo mencionó porque permanecía casi siempre solo. Lo golpeaban en el colegio por actuar diferente. Su madre en muchas ocasiones lo echó de la casa por sus actuaciones y su gran parecido al papá, del cual se había separado.
“En el año 2021 inicié mi primer cambio, me corté el cabello y esta fue una etapa muy bonita porque, después de tantos años, me sentí feliz y pleno. Este inicio de mi nueva vida me causó disgustos con mi mamá, ella me echó de la casa, viví en la calle y, en algunos momentos, mi mejor amiga me acogió en su casa con su madre; aprendí a defenderme y a trabajar para poder sobrevivir”.
Su proceso de transformación no ha sido fácil. En unos meses, iniciará su hormonización masculina, esta consiste en la administración de testosterona que le ayudará a inducir cambios físicos y así obtener rasgos masculinos. Lucha por el reconocimiento en su comunidad porque aún lo siguen llamando por su nombre anterior, aún cuando regresa a su territorio lo juzgan por sus cambios. Él, como muchos otros, también ha encontrado espacios, como la Universidad del Valle y sus docentes, que lo han apoyado en los escenarios académicos y de desarrollo personal, así como las colectividades de diversidad sexual que existen en su territorio que acompañan su aprendizaje y le brindan herramientas para que su transformación se dé de la mejor forma posible. “Quien se rinde nunca encontrará la grandeza ni la felicidad” menciona Axel en nuestra entrevista.
“No hay nada que curar”
Tras este breve recorrido por las historias de vida de familias sexo-género diversas, podemos decir que la familia es un espacio fundamental de lo espiritual, lo ancestral y de gobernabilidad en la comunidades. Esta concepción de familia no se ve reflejada en la plataforma de lucha del CRIC. Su último punto, dedicado a la “defensa de la familia”, presenta una contradicción al no acoger ni vincular a las familias sexo-género diversas, negando su existencia y legitimidad en los territorios.
En las historias anteriores mostramos que las personas diversas nasa acompañan las mingas, fortalecen el proceso organizativo, son autoridades, dinamizadoras, estudiantes, etc. Buscan el reconocimiento y la autodeterminación, viven y comparten el territorio y, aun así, no son tenidas en cuenta como familias o personas diversas. “O somos muy jóvenes para tener tierra y conformar un hogar o ¿dónde está el marido para darle el pedazo de tierra para que haga su hogar?” mencionan todos nuestros entrevistados.
En las historias anteriores mostramos que las personas diversas nasa acompañan las mingas, fortalecen el proceso organizativo, son autoridades, dinamizadoras, estudiantes, etc. Buscan el reconocimiento y la autodeterminación, viven y comparten el territorio y, aun así, no son tenidas en cuenta como familias o personas diversas. “O somos muy jóvenes para tener tierra y conformar un hogar o ¿dónde está el marido para darle el pedazo de tierra para que haga su hogar?” mencionan todos nuestros entrevistados.
“Si las plantas y los animales evolucionan y se transforman para su existencia, ¿por qué no aceptar que como seres humanos también somos diversos? Quizás la diversidad no es una desarmonía, ni los jóvenes el problema.»
Con preocupación, notamos una exclusión sistemática: no se nos tiene en cuenta para proyectos productivos, para acceder a la educación ni para trabajar la tierra. Pocas veces nos escuchan y nuestros derechos no son garantizados. Las consecuencias de esta discriminación son severas, resultando en exilio forzado, pérdida de empleo y una estigmatización que nos etiqueta como “desarmoniosos” en nuestros círculos sociales, comunitarios e institucionales. Esta violencia se perpetúa a través del lenguaje, con frases recurrentes en los territorios que cuestionan nuestra identidad y agreden nuestro sentir, tales como: “No ha probado hombre o mujer”, “vaya usted que es marica”, “vaya usted que parece hombre”, “¿usted es hombre o mujer?”, “y ella no que era lesbiana, ¿por qué tiene un hijo?”.

Esta discriminación debe parar si creemos que la familia es el complemento de la vida, la naturaleza y los espíritus. La familia debe observarse como un todo que protege la diversidad en todos los sentidos. No se puede deslegitimar la existencia de las familias diversas en los territorios, se debe apostar al reconocimiento de ellas.
Algunos líderes no entienden la diversidad sexual y de género; son los primeros en violentar y estigmatizar a la población. Y como son líderes, nadie los puede corregir, entonces fomentan el odio y la comunidad réplica estas mismas acciones.
Cada relato aquí compartido es evidencia de que las familias sexo-género diversas no sólo coexisten, sino que construyen y enriquecen el territorio a través de sus prácticas ancestrales. Esperamos que los fragmentos de las historias de vida aquí compartidos sean un puente de entendimiento con las autoridades, comuneros y lectores, y actúen como un llamado al reconocimiento de su existencia y su valor cultural.
Con estas palabras hemos tratado de dar luz a lo que en los territorios por ahora es un simple murmullo. Aunque estas historias no son las únicas, esperamos que al compartirlas se contribuya a desencadenar un cambio significativo.
Agradecemos a la naturaleza y a los espíritus sagrados por habernos guiado en este camino. Extendemos nuestra gratitud a las familias nasa, quienes con valentía y fuerza compartieron sus vivencias. Asimismo, agradecemos a Daniel Campo y Diana Granados por su constante orientación y apoyo.